Ernesto Javier Coral García, periodista y poeta de Ipiales
Ernesto Javier Coral García nació en Ipiales el 4 de abril de 1970. Hijo de Gilberto Coral Osejo (Chico) y Gloria García Quirós, es el mayor de cinco hermanos. Adelantó estudió Comunicación Social en la Universidad Abierta y a Distancia (UNAD) en Pasto. Cuenta con una trayectoria de más de 25 años en el periodismo, consolidándose como fundador del medio virtual NSI Ipiales. Actualmente es presidente de la Red de Periodistas en Frontera y reportero de la emisora Papialpa Estéreo, donde participa en el noticiero Noticias del Medio Día.
Se desempeña como editorialista y lidera espacios como Octavo Día, programa de entrevistas a personajes de la región, y Contrarréplica, enfocado en opinión. Además, es aficionado a la fotografía y la pintura.
Su vocación literaria inició en la etapa escolar. Es autor del poemario Termópilas al ocaso y prepara el lanzamiento de su segunda obra, Glaciares en Verano, reafirmando su aporte a la literatura nariñense.
Tu piel
Nívea como gaviota,
arrollo frágil de la sierra.
Es tu piel tibia como edredón de llano,
es tu piel azafata de mis vuelos,
lumbre, nido, casa.
Tu piel geometría aurea
tu piel latidos, torrentes invisibles,
eso es tu piel.
Canción y concierto,
espejismo y remanso,
pétalo clandestino solo mío.
Tu piel sábana y cobija,
almohada que late de madrugada…
Tu piel ya soy yo,
metamorfosis liberada.
XXV
Glaciares
en verano fue este amor,
glaciares en verano tu respuesta,
a diario te llené de poemas,
cada noche mis suspiros decían tu nombre,
y tu respuesta fueron glaciares.
Mataste poco a poco este verano
que siempre fue primavera.
Tus toscos glaciares nunca huyeron,
hicieron parte de tu historia
que al final marchitó mis flores,
envenenó mis cardos que
se hicieron mi alimento.
Nunca fuiste verano,
ni siquiera alcanzaste la tibieza
de una tarde de verano en agosto.
Siempre noviembre fue tu historia,
fría, lluviosa, triste.
Poco a poco fuiste enfriando mi Antares,
sol que supo cobijarte,
el mismo que alumbró la génesis
de esta historia lánguida
que no floreció, sino que palideció
desde aquella primera partida.
Ni tú fuiste verano,
ni yo fui glaciar.
Tu piel fue siempre mi glaciar,
mi amor siempre será tu verano.






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